martes, 10 de noviembre de 2015

Visión Sonora


Llevo varios días con este post en mente y aplazándolo a su vez, como si me produjera cierto rubor o incluso cierto temor el comenzar a escribirlo. El rubor propio de cuando uno se desnuda en un texto, pudiéndole hacer sentir hasta vulnerable, cuando hablamos de emociones suele ocurrir. Por otro lado, el temor inherente al oficio de escribir, de no dejarlo lo suficientemente redondo, de no saber explicar y darle forma a una serie de sensaciones que me evocan y me provocan cada vez que escucho sus discos o los veo en directo. El temor también de ser sentimentalmente explícito y subjetivo a la par que excesivamente prolongado en la parrafada.

Visión Sonora son amigos y compañeros de escenario, son Mon Domínguez y Manuel Vargas. También son y han sido numerosos músicos que han pasado por la formación durante sus casi dos décadas de existencia. Comienzan como surgen las bandas legendarias y los proyectos más reconocidos, casi como un juego, tocando en casas abandonadas, locales de ensayo, salas de concierto, ganando concursos y certámenes, tocando en festivales...

Pero lo que puedo destacar de ellos son sus canciones impregnadas de verdad, de honestidad, de cotidianidad, con referencias locales pero caminando siempre hacia la universalidad. Es cierto, a ellos se lo confesé, que la primera vez que los vi en directo, no me gustaron absolutamente nada. Corría el año 2009 y yo no les conocía siquiera, fui a verles por casualidad porque el bajista que hacía una sustitución, Cayetano Carrasco su actual bajista, me invitó y me pasé por el show. Y como todos nos merecemos una segunda oportunidad, la casualidad, medio buscada, fue la que me llevó a conectar con ellos en el Lone Star que regentaba Mariano, en un concierto organizado por Música Fundamental (Carlos Ferrer). Hacía mucho tiempo que una serie de canciones no lograba emocionarme. Ya saben eso de los vellos de punta, del nudo en la garganta, de sentirse desnudo en mitad de cincuenta personas coreando las canciones en un bar. Desde entonces hasta el día de hoy que estoy escribiendo esto, han pasado cuatro años, casi cinco y me declaro seguidor y admirador de lo que hacen.

En 2012 sacaron Oxígeno y en 2015 Origen y hemos colaborado en numerosas ocasiones en directo y en estudio, forjando simpatía y admiración por nuestras personas que ha derivado en amistad. Fueron mi banda de cabecera durante mis años en Madrid. Cada vez que sentía un mínimo de nostalgia por el paisaje de Huelva, los sintonizaba en mi reproductor de música portátil y automáticamente regresaba a casa, volvía a estremecerme e incluso a llorar. Esto sólo me lo han provocado los Beatles, el mejor Calamaro, el Tom Waits más reflexivo y pocos más. Incluso llegué a ser adicto a los conciertos de la banda, allá donde tocaban iba a verlos.

Por si no se han percatado todavía, no pretendo hacer la típica reseña desmenuzando sus dos trabajos discográficos en busca de sus influencias, referencias, incluirlos en la tendencia de moda... simplemente quiero abrirles el apetito para que se sienten a escuchar a Visión Sonora. Ya quisieran muchas de las bandas del momento tener el arrojo, el poder de convicción, la honestidad de sus letras y el directo tan compacto que ellos tienen y lo que es más importante, tener buenas canciones.

Sabemos que los tiempos en los que vivimos no son justos, quizás algún día cambie el panorama y ocupen el lugar que les pertenece dentro de la escena musical en España, el lugar donde están los más grandes. Mientras tanto toca esperar, que se le va a hacer, porque de sordos está lleno el mundo y sobre todo la prensa musical.


Escucha a Visión Sonora aquí.